
Por momentos, el zapping nuestro de cada día (noche para los que no estamos rascándonos las 24 hs en casa) se convierte en una especie de safari en el que vemos todo un desfile de animales televisivos.
Agite bien antes de leer...



El fútbol, deporte tan hermoso, puro e inocente (Ok, sólo hermoso), a veces se ve empañado cuando nosotros, fervientes seguidores, caemos en el grosero error de llevar a nuestra novia/pareja/amante/esposa a la cancha a ver un partido…
¿Hay alguna necesidad?
Primero y principal, no conocen las reglas... O sea, saben que hay alguien que tiene que patear la pelota y que si entra en el arco es gol, pero no mucho más que eso... Entonces, éste desconocimiento genera un sin fin de preguntas de lo más boludas, que de movida respondemos de buen ánimo pero al tercer o cuarto minuto de partido se tornan lisa y llanamente insoportables… Hablo de las preguntas ¿O hablaba de las chicas?
Ejemplos de las preguntas típicamente boludas y las posibles respuestas:
- “¿No es que el arquero es el único que puede agarrar la pelota con la mano?”
- “Están sacando un lateral…”
- “¿Pero cómo? ¿No pateaban para el otro arco?”
- “Si… En el primer tiempo, ahora estamos jugando el segundo…”
- “¿Qué pasa que a ese no le sacan la pelota?”
- “Está por patear un penal...”
- “¿Por qué el jugad…?”
- “¡¡¡¡DEJAME DE HINCHAR LAS PELOTAS CARAJO!!!!”
Se solidarizan absoluta y automáticamente con toda situación durante el partido.
Ejemplos:
“Ay, pobrecito ése, cómo le pegaron” (Mirando a uno de los rivales) – Al tiempo que nosotros gritamos “¡Bien, bien, la próxima rompele la rótula al muerto ese!”
“No… No hay por qué insultarlo así, su mamá no tiene nada que ver” – Mientras el árbitro anula un gol por un offside inexistente y todo el estadio asegura que su madre es puta.
“Yo lo aplaudo, así no se siente mal” – En medio de un cambio, cuando sacan a un pecho frío al que chiflamos a más no poder y le pedimos de rodillas que se retire del fútbol así roba en otro deporte.
“Mirá que lindos, como cantan, como saltan” – Señalando a la popular visitante mientras uno prepara el pañuelo con cloroformo para dormirla de una vez.
No son compatibles con el menú futbolero, por ende, no sólo esquivan los exquisitos patys cancheros, sino que tienen el atrevimiento de pedirle al cocacolero un agua saborizada. ¡Ubíquense por favor!
No conocen a los jugadores del momento, sólo a los que salen en la tele, pero que no siempre son del club del cual nosotros somos hinchas, así que preguntan por tipos que juegan en otro lado, por otros que ya se retiraron y hasta por jugadores que ya están muertos… A ponerse al día chicas, no les pedimos saberse los planteles completos, sólo 11 o 12 jugadores de cada equipo, nada más.
Se arreglan como si fueran a pasear por Patio Bullrich, que el pelo una cosa, que la ropa otra cosa, que la cartera, que el calzado… ¡Nena, vas a ver un partido de fútbol, no uno de Polo!
Pero, a pesar de todo lo anterior, no dejan de pedir que las llevemos a la cancha una y otra vez… Y nosotros, boludos recibidos, las seguimos llevando…
De nuevo… ¿Hay alguna necesidad?
Luispa.
