miércoles, mayo 07, 2008

TV-maikén.




Por momentos, el zapping nuestro de cada día (noche para los que no estamos rascándonos las 24 hs en casa) se convierte en una especie de safari en el que vemos todo un desfile de animales televisivos.


Al igual que los ejemplares que encontramos en Temaikén, por citar un zoo, estos animales televisivos nos causan asombro, repulsión, risa, lástima, miedo y demás sensaciones.


Analicemos algunos casos en concreto para tratar de dilucidar nuestras reacciones hacia ellos.



- Chiche Gelblung (Decadentum Viejae): Es la hiena del reino televisivo. Se caracteriza por ser sucio, carroñero y hacerse festines con especies moribundas o seriamente heridas. Si el hambre lo impulsa, es capaz de realizar un ataque (a traición) y obtener así algún punto más de rating.



- Rocío Marengo (Neuronis Inexistentis): Es un gato, pero su cerebro funciona igual que el de una mosca después de haberle dado con un diario. El 99 % de su capacidad neuronal la usa para mantenerse sobre sus pies, por eso no sabe ni contar hasta ocho y el 1 % restante lo emplea en hacer reir a medio país con respuestas desopilantes de cultura general que a veces parecen guionadas.


Presentador Televisivo - "¿Cuál es la capital de Francia?"

Rocío Marengo - "Eehhh... ¿Seis?"


Da lástima de lo pelotuda que es.



- Marley (Boludus Atómicus): Es la amalgama perfecta entre la figura de una jirafa, la alegría de un delfín y la capacidad operativa de un búfalo dentro de un negocio de porcelana fina. Es lisa y llanamente torpe. Se golpea con todo, se tropieza, se cae, pero siempre conserva su sonrisa particular y eso, en cierta forma, le renueva el crédito con la audiencia. Es el tonto que de tanto "Duh duh" inspira ternura.



- Pamela David (Yeguae Extremis): Una verdadera potra. Si es o no pura sangre quedará para un análisis más minucioso, pero que nos hace hervir la sangre no está en tela de juicio.



- Bernardo Neustadt (Fachus Matusaleaem): Vive a la par de las tortugas de Galápagos, de hecho, este año cumple los 160 y la figura acorazada de las tortugas nos recuerdan a las tanquetas del proceso militar que tan bien supo apoyar este viejo atorrante.



- Jorge Rial y Viviana Canosa (Serpentus Ponzoñaeum): Si alguien merece el mote de serpientes venenosas de la tele, son ellos dos. Abren la boca únicamente para disparar ponzoña a quienes se les canta el cascabel. El día que se muerdan la lengua, mueren en el acto.



- Eduardo Feinman y Oscar González "Negro" Oro (Garquensae Cucarachius): El último lugar de esta entrada va dedicado a dos verdaderas cucarachas de la TV. Viven rodeados de gente basura, son realmente mal vistos por la sociedad y sólo se amigan con otras cucarachas como Daniel Hadad y Carlos Saúl Me**m (¡No lo nombren!). Al igual que sus parientes insectos que sobreviven a numerosos cataclismos, estos dos personajes sobreviven a diferentes gobiernos y pareciera que nada puede matarlos. Por ahí es verdad esa frase que dice que "las cucarachas heredaran la tierra". Espero morir mucho antes de verme rodeado de estos bichos asquerosos.




Así termina nuestro recorrido de hoy por la jungla televisiva. Nos volvemos a encontrar la próxima, a la misma hora y por el mismo canal.





Luispa.



jueves, mayo 01, 2008

Duda existencial Nº 2.




¿Por qué los paquetes de galletitas no se pueden abrir NUNCA por donde indica la etiqueta y nos mienten con frases como "Tire aquí para abrir" o "Abre fácil"?


Luispa.


lunes, abril 07, 2008

Los changuitos nos pueden... Mal...




De tanto en tanto, en un intento por ganarnos el cielo, los hombres tenemos la loca ocurrencia del ir al mercado a hacer las compras sólos, sin compañía femenina y la verdad, salvo algunos casos puntuales, no estamos hechos para manejar semejante empresa.

Cuando llegamos, lo primero que hacemos por obvias razones es agarrar un changuito y con ésto empieza nuestro boludeo supermercadista. Tomamos el chango con las dos manos, los brazos bien estirados, fruncimos el seño y lo sacamos arando, lo hacemos derrapar en las esquinas de las góndolas, pasamos entre los otros changos con el mínimo espacio posible haciéndo chispear el metal y hasta nos animamos a pisar a esas viejas que van delante nuestro caracoleando. O sea, con el changuito hacemos todo lo que no nos animamos a hacer con nuestro auto en lo que a maniobras se refiere y de paso nos damos el gusto de atropellar a alguien sin terminar esposado en un patrullero.

Después de aburrirnos de jugar a los kartings con los changuitos, nos ponemos a comprar, o algo parecido.

La lucha diaria por hacernos ver como los machos más machos de todos nos prohibe llevar una lista de los productos que hay que comprar. Todos saben que si hay una lista en manos de un hombre, fue escrita por una mujer y la imagen que hay que dar es la de "Yo compro lo que quiero y nadie me dice en qué gastar mi plata".
Para eso, antes de salir de casa tratamos de memorizar el famoso listado y ni tengo que decir que es en vano porque cuando terminamos de poner en marcha el auto para ir al super, ya no nos acordamos ni como nos llamamos.
Por todo ésto, con el chango siempre en mano, empezamos a dar vueltas como si se nos hubiera roto la brújula tratando de recordar qué era lo que habíamos venido a comprar y no sólo no lo recordamos sino que nuestra cabeza nos convence de que eran otras cosas. Por ejemplo, si pasamos por la seccion congelados y lo que teníamos que comprar era una bolsa de chauchas freezadas, nuestro cerebro nos dice una y otra vez "Pizza y helado, pizza y helado" y lógicamente compramos cinco Sibaritas con jamón y un balde de cinco kilos de helado Frigor. Así hacemos con cada uno de los artículos originales, los reemplazamos por la versión masculina y llenamos nuestro chango.

Con el changuito lleno de cosas que no teníamos que comprar, lo siguiente es ir a pagar. Las mujeres tienen un sexto sentido que les indica cuál es la caja en la que la cola se mueve con mayor rapidez, que no siempre es la que tiene la menor cantidad de gente. Nosotros, en cambio, no la pegamos nunca y aparte de embolarnos, vemos como nuestra pizza y nuestro helado se empiezan a descongelar, lo que nos hace disparar la presión.
Ya recuperados del desmayo producto de ver nuestros tesoros perder su cadena de frío, nos toca pagar para poder volver a casa.

Finalmente, después de abonar, vamos hasta el lugar donde dejamos nuestro auto, disponemos toda la mercadería en el baúl y antes de partir, volvemos a agarrar el chango con ambas manos, fruncimos el seño, dibujamos una sonrisa de oreja a oreja y arremetemos contra los demas changuitos que están estacionados haciendo ruido de choque con nuestra boca.

Ahora sí, ya estamos listos para volver a casa.


¿Vieron? No servimos para ir al super.



Luispa.


miércoles, abril 02, 2008

Mejor quedate en casa.


El fútbol, deporte tan hermoso, puro e inocente (Ok, sólo hermoso), a veces se ve empañado cuando nosotros, fervientes seguidores, caemos en el grosero error de llevar a nuestra novia/pareja/amante/esposa a la cancha a ver un partido…


¿Hay alguna necesidad?


Primero y principal, no conocen las reglas... O sea, saben que hay alguien que tiene que patear la pelota y que si entra en el arco es gol, pero no mucho más que eso... Entonces, éste desconocimiento genera un sin fin de preguntas de lo más boludas, que de movida respondemos de buen ánimo pero al tercer o cuarto minuto de partido se tornan lisa y llanamente insoportables… Hablo de las preguntas ¿O hablaba de las chicas?


Ejemplos de las preguntas típicamente boludas y las posibles respuestas:


- “¿No es que el arquero es el único que puede agarrar la pelota con la mano?”

- “Están sacando un lateral…”


- “¿Pero cómo? ¿No pateaban para el otro arco?”

- “Si… En el primer tiempo, ahora estamos jugando el segundo…”


- “¿Qué pasa que a ese no le sacan la pelota?”

- “Está por patear un penal...”


- “¿Por qué el jugad…?”

- “¡¡¡¡DEJAME DE HINCHAR LAS PELOTAS CARAJO!!!!”



Se solidarizan absoluta y automáticamente con toda situación durante el partido.


Ejemplos:


“Ay, pobrecito ése, cómo le pegaron” (Mirando a uno de los rivales) – Al tiempo que nosotros gritamos “¡Bien, bien, la próxima rompele la rótula al muerto ese!”


“No… No hay por qué insultarlo así, su mamá no tiene nada que ver” – Mientras el árbitro anula un gol por un offside inexistente y todo el estadio asegura que su madre es puta.


“Yo lo aplaudo, así no se siente mal” – En medio de un cambio, cuando sacan a un pecho frío al que chiflamos a más no poder y le pedimos de rodillas que se retire del fútbol así roba en otro deporte.


“Mirá que lindos, como cantan, como saltan” – Señalando a la popular visitante mientras uno prepara el pañuelo con cloroformo para dormirla de una vez.


No son compatibles con el menú futbolero, por ende, no sólo esquivan los exquisitos patys cancheros, sino que tienen el atrevimiento de pedirle al cocacolero un agua saborizada. ¡Ubíquense por favor!


No conocen a los jugadores del momento, sólo a los que salen en la tele, pero que no siempre son del club del cual nosotros somos hinchas, así que preguntan por tipos que juegan en otro lado, por otros que ya se retiraron y hasta por jugadores que ya están muertos… A ponerse al día chicas, no les pedimos saberse los planteles completos, sólo 11 o 12 jugadores de cada equipo, nada más.


Se arreglan como si fueran a pasear por Patio Bullrich, que el pelo una cosa, que la ropa otra cosa, que la cartera, que el calzado… ¡Nena, vas a ver un partido de fútbol, no uno de Polo!


Pero, a pesar de todo lo anterior, no dejan de pedir que las llevemos a la cancha una y otra vez… Y nosotros, boludos recibidos, las seguimos llevando…


De nuevo… ¿Hay alguna necesidad?




Luispa.




martes, marzo 25, 2008

Las mujeres y el tránsito: fórmula explosiva.


Antes que se lo pregunten, no, esto no tiene nada que ver con los yogures Activia, no es ése tipo de tránsito al que me refiero, sino al tránsito callejero, vehicular más precisamente.

Las mujeres, los seres más hermosos que haya dado la creación (sin contar a los que se pueden poner en una parrilla, claro), dejan de ser el sexo débil en el momento en que se suben a un auto como conductoras... Ahí se transforman en el sexo destructor.

En un impulso por expandir sus dominios caseros, las mujeres salen a manejar y no hacen miramientos de ningún tipo. Porque si hay algo que tengo que reconocer, es que cuando a una mina se le canta determinada maniobra con su auto, la hace sin pensarla dos veces, ahí nomás, sin importar que vaya por el carril izquierdo de la 9 de Julio a las 4 de la tarde un día de semana, si quiere doblar a la derecha en la próxima esquina, ella tira el auto para la derecha y háganse a un lado si no quieren terminar anotando números del seguro y demás.

Son divinas... Doblan como locas, frenan donde y cuando quieren, total ¿Quién puede venir atrás, no?, son una risa para estacionar, cuando les pinta el andar tranquilo van a 5 kms/h por el medio de dos carriles, cuando les va la velocidad Mikka Hakkinen es un nene de pecho comparado con ellas, coleccionan rayones y abolladuras en sus autos, si pinchan una goma llaman a papá, al hermano, al novio, al abuelo, al tío, al amigo, pero ¡¡NUNCA SE LES OCURRE LLAMAR A LA GRUA!!... ¿Dije que son divinas? Si, son divinas... Y para serlo, necesitan estar siempre impecables y por eso se maquillan mientras van por plena avenida Rivadavia, usando el espejo del parasol, porque nunca escucharon hablar del espejo retrovisor, o eso parece ya que no lo usan ni de casualidad...

Así que sumándome al movimiento pro mundo sin armas de destrucción masiva creado por el señor hijo de mil putas de George W. Bush, yo propongo que las mujeres no manejen más... Que Irán, Corea del Norte y todos los países que quieran, se hagan de la bomba atómica, pero que las mujeres dejen de manejar por favor, por el bien de la humanidad.


Luispa.


P.D: No quiero dejar de decir que no por todo lo anterior deja de gustarme que una mujer me pase a buscar con su auto y me lleve de copiloto, para variar... Mientras el auto tenga cinturón de seguridad y airbags, está todo bien.