lunes, abril 07, 2008

Los changuitos nos pueden... Mal...




De tanto en tanto, en un intento por ganarnos el cielo, los hombres tenemos la loca ocurrencia del ir al mercado a hacer las compras sólos, sin compañía femenina y la verdad, salvo algunos casos puntuales, no estamos hechos para manejar semejante empresa.

Cuando llegamos, lo primero que hacemos por obvias razones es agarrar un changuito y con ésto empieza nuestro boludeo supermercadista. Tomamos el chango con las dos manos, los brazos bien estirados, fruncimos el seño y lo sacamos arando, lo hacemos derrapar en las esquinas de las góndolas, pasamos entre los otros changos con el mínimo espacio posible haciéndo chispear el metal y hasta nos animamos a pisar a esas viejas que van delante nuestro caracoleando. O sea, con el changuito hacemos todo lo que no nos animamos a hacer con nuestro auto en lo que a maniobras se refiere y de paso nos damos el gusto de atropellar a alguien sin terminar esposado en un patrullero.

Después de aburrirnos de jugar a los kartings con los changuitos, nos ponemos a comprar, o algo parecido.

La lucha diaria por hacernos ver como los machos más machos de todos nos prohibe llevar una lista de los productos que hay que comprar. Todos saben que si hay una lista en manos de un hombre, fue escrita por una mujer y la imagen que hay que dar es la de "Yo compro lo que quiero y nadie me dice en qué gastar mi plata".
Para eso, antes de salir de casa tratamos de memorizar el famoso listado y ni tengo que decir que es en vano porque cuando terminamos de poner en marcha el auto para ir al super, ya no nos acordamos ni como nos llamamos.
Por todo ésto, con el chango siempre en mano, empezamos a dar vueltas como si se nos hubiera roto la brújula tratando de recordar qué era lo que habíamos venido a comprar y no sólo no lo recordamos sino que nuestra cabeza nos convence de que eran otras cosas. Por ejemplo, si pasamos por la seccion congelados y lo que teníamos que comprar era una bolsa de chauchas freezadas, nuestro cerebro nos dice una y otra vez "Pizza y helado, pizza y helado" y lógicamente compramos cinco Sibaritas con jamón y un balde de cinco kilos de helado Frigor. Así hacemos con cada uno de los artículos originales, los reemplazamos por la versión masculina y llenamos nuestro chango.

Con el changuito lleno de cosas que no teníamos que comprar, lo siguiente es ir a pagar. Las mujeres tienen un sexto sentido que les indica cuál es la caja en la que la cola se mueve con mayor rapidez, que no siempre es la que tiene la menor cantidad de gente. Nosotros, en cambio, no la pegamos nunca y aparte de embolarnos, vemos como nuestra pizza y nuestro helado se empiezan a descongelar, lo que nos hace disparar la presión.
Ya recuperados del desmayo producto de ver nuestros tesoros perder su cadena de frío, nos toca pagar para poder volver a casa.

Finalmente, después de abonar, vamos hasta el lugar donde dejamos nuestro auto, disponemos toda la mercadería en el baúl y antes de partir, volvemos a agarrar el chango con ambas manos, fruncimos el seño, dibujamos una sonrisa de oreja a oreja y arremetemos contra los demas changuitos que están estacionados haciendo ruido de choque con nuestra boca.

Ahora sí, ya estamos listos para volver a casa.


¿Vieron? No servimos para ir al super.



Luispa.


miércoles, abril 02, 2008

Mejor quedate en casa.


El fútbol, deporte tan hermoso, puro e inocente (Ok, sólo hermoso), a veces se ve empañado cuando nosotros, fervientes seguidores, caemos en el grosero error de llevar a nuestra novia/pareja/amante/esposa a la cancha a ver un partido…


¿Hay alguna necesidad?


Primero y principal, no conocen las reglas... O sea, saben que hay alguien que tiene que patear la pelota y que si entra en el arco es gol, pero no mucho más que eso... Entonces, éste desconocimiento genera un sin fin de preguntas de lo más boludas, que de movida respondemos de buen ánimo pero al tercer o cuarto minuto de partido se tornan lisa y llanamente insoportables… Hablo de las preguntas ¿O hablaba de las chicas?


Ejemplos de las preguntas típicamente boludas y las posibles respuestas:


- “¿No es que el arquero es el único que puede agarrar la pelota con la mano?”

- “Están sacando un lateral…”


- “¿Pero cómo? ¿No pateaban para el otro arco?”

- “Si… En el primer tiempo, ahora estamos jugando el segundo…”


- “¿Qué pasa que a ese no le sacan la pelota?”

- “Está por patear un penal...”


- “¿Por qué el jugad…?”

- “¡¡¡¡DEJAME DE HINCHAR LAS PELOTAS CARAJO!!!!”



Se solidarizan absoluta y automáticamente con toda situación durante el partido.


Ejemplos:


“Ay, pobrecito ése, cómo le pegaron” (Mirando a uno de los rivales) – Al tiempo que nosotros gritamos “¡Bien, bien, la próxima rompele la rótula al muerto ese!”


“No… No hay por qué insultarlo así, su mamá no tiene nada que ver” – Mientras el árbitro anula un gol por un offside inexistente y todo el estadio asegura que su madre es puta.


“Yo lo aplaudo, así no se siente mal” – En medio de un cambio, cuando sacan a un pecho frío al que chiflamos a más no poder y le pedimos de rodillas que se retire del fútbol así roba en otro deporte.


“Mirá que lindos, como cantan, como saltan” – Señalando a la popular visitante mientras uno prepara el pañuelo con cloroformo para dormirla de una vez.


No son compatibles con el menú futbolero, por ende, no sólo esquivan los exquisitos patys cancheros, sino que tienen el atrevimiento de pedirle al cocacolero un agua saborizada. ¡Ubíquense por favor!


No conocen a los jugadores del momento, sólo a los que salen en la tele, pero que no siempre son del club del cual nosotros somos hinchas, así que preguntan por tipos que juegan en otro lado, por otros que ya se retiraron y hasta por jugadores que ya están muertos… A ponerse al día chicas, no les pedimos saberse los planteles completos, sólo 11 o 12 jugadores de cada equipo, nada más.


Se arreglan como si fueran a pasear por Patio Bullrich, que el pelo una cosa, que la ropa otra cosa, que la cartera, que el calzado… ¡Nena, vas a ver un partido de fútbol, no uno de Polo!


Pero, a pesar de todo lo anterior, no dejan de pedir que las llevemos a la cancha una y otra vez… Y nosotros, boludos recibidos, las seguimos llevando…


De nuevo… ¿Hay alguna necesidad?




Luispa.